El director de sueños
Con un diapasón en la mano derecha, y una paciencia infinita en la voz, marcas el pulso que el alma sospecha, y abres destellos de un mundo veloz. No son solo líneas sobre el pentagrama, ni negras y blancas que el tiempo deshace; es fuego sagrado que en notas se derrama, es vida y compás con el que uno nace.
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